Una parodia complementaria para todo lector crítico del blog del Señor de la Cigoña.
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miércoles, 14 de septiembre de 2011

14-09-11 ¿No son tan pesimistas las perspectivas de la reunión con los lefebvristas? Esto leemos en Le salon beige


¿Nos ha leído la cigüeña? Da la impresión de que nos responde, o quizás responde a toda una masa de católicos que ansía ver culminada la legalización plena de los tradicionalistas en la Santa Iglesia. Quizás simplemente responde a sus propios temores. Haría bien en imitar a los de su mismo catecismo que están calladitos y muy calladitos en este tema después del patón con el Padre Bru y después de haber copiado la desinformación en el tema de Aciprensa y haber tenido que censurar todo el debate donde ya no podían dar a basto ni con la cantidad ni calidad de razones que tan mal les sientan.

El caso es que nos saca la cigüeña un texto en francés, para variar, abriendo con interrogantes que parecen afirmar el pesimismo. Anotaremos para limpiar las posibles cagadas, que a) No vemos en el texto el pesimismo del que habla el cicornio; y b) vamos a aportar, para variar de verdad, un texto en inglés de Rorate para que entendamos como se atisba el triunfo de la Iglesia.

The great novelty comes from the Roman side. Le Figaro has learned that the Holy See could, for the first time, admit that these aspects fought by the "Integrists" are not considered as "essential" to the Catholic faith to the point of keeping outside the Church those who do not admit them. And that what has been foundational to the Catholic faith for twenty centuries is the sole [aspect] considered fundamental for communion with the Holy See, and not the interpretation from the last Council to this day.

Great autonomy of action

Another consequence: the Holy See, after it is verified tomorrow that Bishop Fellay and his faithful share the essence of the Catholic faith - which remains a demand and a sine qua non condition for Rome -, would propose to them a juridical solution so that the Fraternity of Saint Pius X is from this point forward considered a Catholic entity and not foreign to the ecclesial body anymore.


Que en román paladino quiere decir que la Santa Sede viene a dar la razón a tantos que decimos que no se puede quedar uno fuera de la Iglesia por una cuestión legal poco clara tal como la que pretenden los fariseos con su interpretación neodogmática del Concilio Vaticano II. También en inglés, nos ha dado por lo sajón hoy, les ofrecemos el excelente comentario de este sacerdote.


People of good will can differ on theological points and still remain in unity.
People of good will can attain unity even when they disagree on matters which are by no means clear.
The history of the Church’s great Councils underscores this fact.
How many times have I written that the so-called “Feeneyites” were able to be in union with the Church but without having to abjure their position about extra Ecclesiam nulla salus.  The theological problems the SSPX has with the Second Vatican Council or the Holy See or anything else, don’t necessarily need to be the absolute obstruction to unity.
Questions of the role of the Church in the modern world or religious liberty are really hard.  There is room for debate and disagreement.  It is possible for people of good will to disagree about whether or not the fruits of Vatican II were all wonderful.  There is a precedent for closer union even when we consider the theological concerns some SSPXers might be harboring.
Slowly but sure the climate has been changing.  Hopefully we have come to a point where hearts can also be moved to open.  And there must be a willingness on the part of the SSPX to submit to the Holy Father’s authority… which he is exercising in very good will in their regard.
Again, it is possible for people of good will to disagree on very hard questions and still be in union. 

¿Han rezado ya por el asunto? ¿Han ofrecido la Misa y la comunión de hoy? Sería lo mejor. Un Padrenuestro y un Avemaría recitados con sinceridad y devoción bastan para que Dios muestre su voluntad en la historia de cada uno y de todos. No pierdan tiempo, háganlo ahora mismo, tal como terminan de leer aquí.

M.D.

lunes, 12 de septiembre de 2011

12-09-2011 El cardenal Schönborn Una carta eclesial a los rebeldes


Simpática la Cigüeña. No es posible poner en la calle a trescientos sacerdotes. Sin pararnos a preguntar si esa misma alma compasiva la tendría para los seiscientos sacerdotes de la FSSPX o para los millares que andan descarriados en el Cuerpo de Cristo. Estamos de acuerdo; la disciplina eclesiástica no está para condenar, sino que incluye la condena para salvar al que condena. Las penas son medicinales, por mucho que esto no lo entiendan los que juegan a las facciones totalitarias dentro de la Iglesia. Sin embargo, las causas sí que son condenables, denunciables y prescindibles para que no produzcan más efectos similares en las conciencias.

Se abruma y queda a medias entre paternal y escéptico Don Francisco por la carta eclesial del cardenal Shcönborn, pero de nuevo olvida las causas. Tal como en el coco taranconiano, tan propio de la transición española, aquí se obceca con otro cardenal primado, sólo que de Austria. Obvia el cicornio que en Austria hay muchos obispos que son Cristo Señor en sus diócesis,  mientras que este "primus inter pares" no puede decir en aras de su paridad nones en nombre de todos, sino que cada obispo ha de llamar al orden a los sacerdotes implicados de su presbiterio o aprobar en concilio particular, sínodo o como quieran llamarlo una acción cara a estos sacerdotes. 

Obviamente la rebeldía de esos curas austriacos es nacional. Afecta a más de la décima parte del clero austriaco sólo en los firmantes y como es lógico suponer, habrá una mayoría que no firma y apoya a los firmantes, más la otra mayoría que los comprende aunque no los apoye, etc. El resultado es que es muy probable que, tal como ellos dicen, las dos terceras partes del clero austriaco estén en franca rebeldía manifiesta o no manifiesta. Y esto no ocurre sin la responsabilidad de sus obispos  y sin el apoyo o apatía de innumerables fieles que deberían ser más celosos de la casa de Dios.

¿Qué va a hacer entonces el cardenal de los globitos y los funerales masónicos? Poco, si no cuenta con las directrices de la Santa Sede en tema tan grave para exponerlas a Senatus Consultum (es uno de los nombres que acepto para esa cosa que llaman Conferencia Episcopal). Es ahí donde entra la figura del Primado. Será el cauce por el que transcurrirá el diálogo y ahí simplemente está haciendo su función en esa carta, que seguramente está ya avalada y mandada desde la curia Papal.  Que luego la cosa salga rana y el próximo Papa le llame al orden por no haber sabido resolverla, tal como Juan Pablo II amonestó a Tarancón, es parte de ese juego versallesco que se llama matar al mensajero. 

Matar al mensajero si las noticias son malas. Esa es la causa que no se quiere ver en este asunto. Años llevan en Austria choteándose de la doctrina y disciplina, obispos y cardenal incluídos, y ahora resulta que son los malos de la película. Honorio I, Papa de la Iglesia Católica que llegó a llamar "perros mudos" a los obispos de España por no haber sabido atajar el rebrote del Priscilianismo, fue condenado después de su muerte en Concilio Ecuménico y con condena sancionada por uno de sus sucesores. La más sana teología e investigación histórica reconoce que lo condenaron por negligente, no tanto por hereje. Hoy ya no ocurre ese grado de honestidad de la Iglesia para consigo misma, no conviene después del Vaticano I y el complejo nunca superado de la pérdida de los Estados Pontificios y el Papa prisionero en su propia casa, que daría lugar a un complejo de superioridad tras el Vaticano II. ¡Qué ironía de la providencia el posconcilio!. En la Santa Sede se mata al mensajero y aquí no ha pasado nada. ¿El Papa?. ¡Viva el Papa manque pierda! es lo que esconde el fanatismo que no sabe distinguir en el amor al Romano Pontífice la obligación de la caridad para con el prójimo y para con el Papa mismo, al cual hay que recordarle que tiene ataduras que no vienen de la caridad, sino de aquellos que desean su muerte.

El único consuelo es leer a la excelsa Doctora de la Iglesia, Santa Catalina de Siena. En sus Diálogos nos ilustra al respecto: 
...y así unos y otros usan de falsedad, y engañan al Papa, debiendo proceder pura y sinceramente. Pero si el Vicario de mi Hijo sabe los defectos de unos y de otros, los debe castigar, y quitar al uno su empleo, si no se enmienda y corrige su mala vida, y al que compre el Beneficio d Prelacia ponerlo en prisión hasta que se corrija de sus delitos, y para que los demás tomen exemplo y teman, y no se atreva ninguno á hacerlo. Si el Sumo Pontífice lo hiciere así, procede como debe; pero si no, no quedará sin castigo su pecado quando dé cuenta en mi presencia de sus ovejas.

(Santa Catalina de Siena, Diálogos, Trat.2 cap. XLI)

¿La leerá el Papa? ¿Se seguirá matando al mensajero?

M.D.

jueves, 8 de septiembre de 2011

08-09-2011 Un obispo muy "obediente" al Papa El de Great Falls-Billings (USA), Michael Warfel


Bueno, esta vez la cigüeña denuncia a un obispo (nada nuevo bajo el sol) que se pasa por su báculo los documentos sobre el modo extraordinario del rito romano (sin novedad en el frente). Está bien reclamar porque se cumplan las disposiciones de la Santa Sede, pero quiero comentar dos tipos de cagadas. Una es claramente visible y antievangélica. La otra es mucho más sutil y es la mancha de la que uno no se da cuenta que lleva en la chaqueta hasta que se lo indica otra persona.

La gran cagada viene de la mano con esta afirmación cicornia planteada a modo de duda:

¿Hay que obedecer a los obispos que no obedecen al Papa?

Es fácil sacar una frase del Evangelio, del mismo Jesucristo, a relucir: Haced, pues, y guardad lo que os digan, pero no los imitéis en las obras, porque ellos dicen y no hacen. (Mt 23, 3) Pero siendo honestos, la comparación no es del todo perfecta, porque un obispo de la Iglesia católica no es un fariseo o un escriba de los tiempos de Moisés, aunque a veces se comporte como tal. El obispo goza de una jurisdicción dada por el vicario de Cristo en la tierra, que surge del propio Cristo fundante de la Iglesia y que es algo más que un poder humano que se hereda por haber nacido en una familia determinada. No obstante, la máxima evangélica resume la actitud del fiel muy bien. Pues todo fiel está obligado a venerar y obedecer y proteger esa jurisdicción viendo en su obispo a Cristo Señor, pero dejando de imitarle cuando deja de ser Cristo Señor y pasa a ser un mercenario.

Por tanto, la incitación a romper los vínculos de jurisdicción episcopal, fuera de cuando hay claramente un pecado de rotura de la comunión eclesial (como sería un pecado contra la fe) y no un mero debate legal al modo de los escribas y fariseos, supone el ponernos fuera de Cristo y por tanto de la Iglesia. Es lo que algún ínclito apolojeta (sí, con j) llamaría "acto cismático" y que muchos (por eso llevan la j de jeta) piensan que sólo se produce en una especie de aliens católicos llamados lefebvristas. 

La conclusión es obvia: en temas disciplinares dudosos, hagamos lo que nos digan pero no lo que ellos hacen. La opción simple ante el abuso disciplinar es la denuncia a la autoridad competente y la vía de la corrección y luego toda la buena voluntad e industria humana sanada por la gracia para no hacer lo mismo y revertir la situación. Sólo cuando peligra la unidad de la fe es cuando se tiene potestad para  romper con el que ya ha roto y oponerse al que se ha hecho resistible. Una potestad que no es absoluta, sino que debe ser sumisa al que tiene la suprema potestad en la Iglesia, sometiéndose a su juicio. Así lo hizo un laico, llamado Eusebio, en su día contra su obispo Nestorio cuando este alteró la fe en Cristo, oponiéndose públicamente al mismo. Pero nada se logró hasta que no intervino la suprema potestad de la Iglesia.

Esta cagada de incitar a la rebelión contra la potestad de jurisdicción en temas disciplinares es obvia a cualquiera de mente católica. Una vía muy apetecible y tentadora, pero poco práctica si miramos la historia de la Iglesia. La vía de la santa industria y ejemplaridad (que es la que encontramos en tantos santos calificados de rebeldes) es menos tentadora, más difícil, pero más efectiva. Quizás porque cuenta con la gracia. Se obedece en lo esencial y necesario pero se ponen todos los recursos permitidos humanos y divinos para revertir la situación sin perder la paz.

Un ejemplo en el extremo de las argucias legales sin romper la comunión de fe es la alusión a la Suprema Ley de la Iglesia y el Estado de Necesidad de Monseñor Lefebvre y ya sabemos lo que se jugó (que no fue sino su alma inmortal) con todo lo que está por dilucidarse y todas las potestades alzadas en su contra. Toda una jugada maestra de la providencia para el que ve la cosa desde lo alto de la historia de la Iglesia y un momento único e irrepetible que necesita hombres únicos en cuyo pellejo no me gustaría estar, aunque da sana envidia por haber sido designados por Dios para ejercer de pivotes de la historia. De momento y a ese obispo francés que muchos dan por cismático y condenado, mi familia y yo le debemos que en nuestra diócesis (donde no hay lefebvristas ni nunca los ha habido) hayamos podido asistir con toda la reverencia debida y dentro de la comunión de la Iglesia a la Santa Misa en la forma en la que asistieron tantos santos cotidianamente y donde se contempla sin tapujos el misterio del sacrificio de Nuestro Redentor de forma visible y audible, espiritualmente inteligible y adecuada al fiel menos instruído. Es de bien nacidos ser agradecidos (y esto para todos los que gustan de la forma extraordinaria) y no habría regalo del Papa si no hubiera existido Monseñor Lefebvre. Dondequiera que esté, que con la convicción de la esperenza será el cielo, Dios no dejará de tener en su cuenta ese bien realizado con personas desconocidas. Dos citas, una de un Santo Padre y otra de una tesis doctoral actual en la Gregoriana dan una imagen de la complejidad del momento histórico que no es nuevo:

San Agustín, en su libro “Sobre la verdadera religión” (cap. 6, 11), habla de los católicos injustamente excomulgados que, por la paz de la Iglesia, soportan pacientemente esta afrenta inmerecida. Y termina diciendo: “A esos, el Padre, que escudriña el interior, coronará secretamente. Parece rara esta categoría de hombres, pero ejemplos no faltan, y son más frecuentes de lo que uno podría creer”.

La Universidad Gregoriana de Roma aprobó la tesis del padre americano Gérald Murray, que afirma: “El examen de las circunstancias en las que Mons. Lefebvre procedió a consagrar obispos a la luz de los cánones 1321, 1323, 1324, provoca al menos una duda significativa, incluso una certeza razonable contra la validez de declaración de excomunión pronunciada por la Congregación de los Obispos (...) Sus convicciones (de Mons. Lefebvre) subjetivas sobre el estado de necesidad que él alegó fueron pura y sencillamente omitidas, cuando el Derecho Canónico ordena que el hecho de tener una convicción de este tipo y actuar en consecuencia, incluso estando equivocado, libra a la persona de incurrir en la pena latae sententiae” (The latin Mass Magazine, fall 1995).

Pero volvamos al obispo díscolo denunciado. La cagada más sutil y menos obvia, es el análisis de lo que ha hecho este obispo, que no es sino aplicarse a los documentos tal como tantos otros obispos se han aplicado. ¿Quien dice que la mente del Papa está claramente definida contra el sector de la Iglesia que se opone a la reforma litúrgica? ¿Quien dice que la mente del Papa no es la conciliación de lo inconciliable antes que la reforma?


¿No estarán pecando de lo mismo que hace ese obispo, solo que sin ser obispos? Eso es todo un debate que lleva a que ya tengamos una instrucción posterior al Summorum Pontificum y que aún así la cosa todavía no esté nada clara y sigamos en las mismas. Y si no, que le pregunten a Monseñor Munilla, para quien celebrar en la forma extraordinaria aparte del obispo no muestra visiblemente la universalidad de la Iglesia, pero de eso la Cigüeña calla sibilinamente, como calla que en la JMJ2011 o nuevo pentecostés de éxito humano tras el cual todo sigue igual, el modo extraordinario no haya sido celebrado por los obispos de la casa ni siquiera por el Papa para mostrar su mente con más claridad. ¿Será que es verdad que no es pastoralmente adecuado?. A lo mejor, ese no celebrarlo y callar ante el desprecio cotidiano, es un modo de mostrar la mente. Aunque para otros es ciertamente mostrar debilidad ante una curia dividida como la misma Iglesia. Y ahí seguimos. Disciplina va, indisciplina viene, cuestiones legales de escribas y fariseos sentados en la cátedra de Moises, mientras Jesucristo espera en el templo a cada uno. La cigüeña en su crotorar llamando a las armas, ignora las causas contra las que hay que dirigirlas y se queda en los detalles de un obispo que sólo hace interpretar la mente del Papa, cuando es algo que debía estar claramente asequible para todos sin más interpretación que la del mismo Papa so pena de caer en el modernismo condenado por San Pio X.

M.D.